Breve retrospectiva

Regreso a casa tras casi dos meses sin actualizar, llena de cosas que contar (más libros, más música, más cine, más series), porque han sido dos meses fructíferos, en los que he conocido a personajes que me acompañarán siempre (Hazel, Fiver, Bigwig, va por vosotros), he avanzado varios kilómetros en el camino hacia la Torre Oscura, he descubierto discursos sorprendentemente feministas en películas comerciales que derrochan testosterona en cada promo (en serio; ya hablaremos de la nueva Mad Max) Joss Whedon ha estrenado por fin su Era de Ultrón (¿os acordáis cuando sólo se estrenaba una película con hype al año? Ahora tenemos El Hobbit, Kingsman, Los Vengadores, Jurassic World, Tomorrowland, Mad Max, todo en unos pocos meses; no sé vosotros, pero yo no doy abasto…), me he enganchado a las versiones 2.0 de Jane Austen de Pemberley Digital, y he recibido nuevas cartas de rechazo de editoriales. Yay.

Y, sobre todo, he acabado el primer borrador de Boatswain, tras casi un año y medio de trabajo. Y yo que me propuse conseguirlo en tres meses… Al menos ese puñado de hojas manchadas de tinta se ha convertido en un primer manuscrito que guarda cierto parecido con lo que quería conseguir. Ya lleva casi un mes enfriándose. Le queda poco para alcanzar una temperatura desde la que pueda sentarme de nuevo a trabajar en ella. La vida, como siempre, se interpone. Pronto, muy pronto.

Entre capítulos, y Dickens

Acabo de terminar el segundo capítulo de Boatswain. Está escrito. No bien escrito, sino escrito a secas, pendiente aún de una segunda lectura, más pausada. Ha sido con diferencia lo más difícil que he escrito hasta ahora, lleno de escenas difíciles, y en más sesiones de las que me gustaría reconocer. Espero que, al leerlo, produzca una sensación de unidad. En cualquier caso, aún necesitará de muchas correcciones: eliminar adverbios, recolocar comas, evitar repeticiones, ese tipo de cosas.

Está impreso, aquí, a mi derecha, a la espera de una primera lectura. Y acabo de releer los resúmenes que preparé para el tercer capítulo allá por noviembre de 2013, que aún tengo que estructurar en escenas. Mi pregunta es la de siempre: ¿alguien va a querer leerlo? Y aún hay más. ¿Es demasiado duro o demasiado inocente? ¿Me estoy pasando de trascendente o el argumento es demasiado simple?

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Tres meses después

Este texto se publicó originalmente el 29 de enero de 2014 en el blog compartido A tres tintas. Fue el último intento por mi parte de revitalizar un proyecto que nació algo renqueante desde el principio y que, sin embargo, me sirvió para dar cuerpo a Boatswain y escribir el primer capítulo. Casi cinco meses después, no he avanzado demasiado, pero la novela sigue viva, y espero terminarla antes de que acabe el año.

Sí, estamos a 29 de enero. El reto llega a su fin y, por mi parte, tengo que confesar que mi novela, Boatswain, está aún lejos de estar acabada. Y, sin embargo, tengo motivos para estar muy contenta. Os lo cuento.

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Banda sonora de una tarde de escritura

Este breve texto se publicó originalmente en el blog conjunto A tres tintas el 14 de enero de 2014. Curiosamente, fue uno de los posts más compartidos y comentados, tanto el blog como en redes sociales.

Hoy os escribo una breve nota para hablaros de dos recursos sonoros de los que me he enamorado recientemente y a los que estoy recurriendo cada tarde, a la hora de sentarme a escribir.

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Sobre la voz

Texto publicado originalmente el 22 de diciembre de 2013, tras una de las etapas más tristes de mi vida, en el blog conjunto A tres tintas.

A veces la vida se interpone. Tras varios días de inactividad en el terreno de la escritura, tanto voluntaria como involuntaria (la cama se ha quedado vacía y ya no hay señal para ponerse a trabajar), retomo mi proyecto, un poco más cansada y más triste, deseando recuperar las ganas de escribir.

Hoy os quiero hablar uno de los aspectos de la escritura que encuentro más difíciles, uno de mis problemas más frecuentes frecuentes, creo, y  desde luego uno de los que más me molestan: la voz.

A lo largo de los últimos años he asistido a muchos cursos, seminarios y conferencias sobre la escritura, y con cierta frecuencia se repite eso de que cada autor tiene que “encontrar su propia voz”, o de que los propios personajes deben tener “voces propias, reconocibles”, que los distingan como tales. Estoy completamente de acuerdo en que todos los escritores que admiro tienen voces muy reconocibles. La de Neil Gaiman es irónica y de resonancias folclóricas, la de Tolkien es solemne, pausada, morosa. La de Salinger está muy próxima a la oralidad. Cosas así.  Sigue leyendo

Los rituales importan…

Texto publicado originalmente el 2 de diciembre en el blog conjunto A tres tintas, a estas alturas cerrado.

… Es un hecho. Y la escritura, como todas las cosas que importan, tiene su propio ritual. Se trata, creo, de construir un ambiente que favorezca la creatividad, o que al menos haga un poco más cómodo eso de estar un mínimo de dos a cinco horas sentada, escribiendo. En mi caso, como con la planificación y la documentación, tengo que tener cuidado para no perderme en los detalles. Y si bien es cierto que la mayoría de los elementos que constituyen mi particular ritual no son fundamentales, para mí se han convertido en las muletas para esto de la escritura. Contribuyen a hacerme sentir más cómoda. Y sí, me hacen perder un poco el tiempo. Pero a la larga funcionan. Sigue leyendo

Sobre resúmenes, capítulos, bloqueos y clics

Este texto se publicó originalmente el 17 de noviembre de 2013 en el ya extinto blog conjunto A tres tintas.

Dice mi perfil de Nanowrimo, atento como siempre, que, a estas alturas, transcurrido ya medio mes desde que empezara el reto, debería llevar escritas… 30.000 palabras. Eso significa que, para alcanzar el objetivo de 50.000 palabras, debería escribir una media de 3.000 diarias de aquí hasta el 30 de noviembre. De hecho, me dice mi página de estadísticas, en un tono amable pero con el ceño fruncido, si continúo a mi ritmo actual no acabaré hasta el 27 de febrero, lo que resulta inaceptable desde todos los puntos de vista posibles. Porque, además, noviembre es un mes de 30 días, lo que supone 24 preciosas horas menos para escribir, y esto, como sabe cualquiera que esté preparando un examen final, o la entrega de una tesis o el trabajo de fin de máster, es una pérdida irreparable. Sigue leyendo