Prólogo, prefacio, proemio, preámbulo, galeato…

Este texto se publicó inicialmente el 1 de noviembre de 2013 en el blog compartido A tres tintas, actualmente fuera de uso. Se trata de la primera entrada sobre mi novela Boatswain y una declaración de intenciones.

Un comentario breve sobre mi segunda participación en Nanowrimo: fallé estrepitosamente por segunda vez, ya que pasé gran parte del mes de noviembre centrada en la planificación de la novela. En cualquier caso, lo intentaré de nuevo este año. ¿Tal vez a la tercera vaya la vencida?

Me llamo Ana de Haro y soy escritora. Ahí queda eso como declaración de intenciones. Creo que esta primera entrada de un blog que arranca con mucha ilusión por mi parte tiene, por fuerza, que empezar así, y es que repetirme a mí misma que, efectivamente, soy escritora, es una parte importante del proceso que ahora comienza. Tengo que creérmelo. Porque se puede ser escritor sin haber irrumpido aún en el mercado editorial con el best-seller del año, ¿verdad? Sólo hace falta haber escrito y seguir escribiendo obras de una cierta envergadura. Bueno, eso y que te lean. 

Ahí es donde entra este A tres tintas. Muchos de mis amigos escritores (aquí es cuando alzo las manos a modo de disculpa y, encogiéndome de hombros, digo: “no tengo nada en contra de los escritores; de hecho, algunos de mis mejores amigos lo son”) se contentan con escribir sin llegar a ese otro paso fundamental en el proceso, que es el lector. Pero la mayoría coinciden conmigo en que un segundo vaso al otro lado del hilo es esencial para que esto de la escritura funcione y sirva para algo, por muy divertido, apasionante o necesario que sea el hecho mismo de escribir. Así que para eso sirve este blog. Y puestos a salir del armario como escritores, conviene hacerlo por la puerta grande, esa que implica, hasta cierto punto, desnudarse públicamente. En este blog vais a poder ver muchas cosas de mí (de nosotros), todas ellas relacionadas con el proceso de escritura: mi (muy desordenada) mesa de trabajo, mi lámpara, ordenador, cuadernos, mi hervidora de agua (té, mucho té…), y otras tantas.

Os contaba que para ser escritora necesito sentarme a escribir, y lo cierto es que llevo mucho tiempo sin hacerlo. Miento, escribo a diario: escribo cartas, correos electrónicos, discursos, proyectos y notas de prensa a diario, en el trabajo. Escribo cuando viajo, rellenando un cuaderno tras otro de fechas, nombres de lugares y anécdotas de viaje. Escribo en facebook y twitter constantemente. Escribo a un ritmo más o menos mensual en un blog cultural (que está ahora mismo en stand by, pero volverá pronto). He publicado algunos cuentos y he escrito reportajes y crítica literaria y cinematográfica en una revista digital, ya extinta. Y, sobre todo, he escrito una novela no publicada aún, que es mi bebé y de la que estoy muy orgullosa y de la que espero que, algún día no muy lejano, vea la luz. Pero desde que acabé mi primera novela, hace ya más de un año, no he escrito ficción, salvo algún cuento aislado, y eso no puede ser. No, mi gran plan de trabajar y, cuando llego a casa, sentarme a escribir todos los días, y hacerlo ininterrumpidamente hasta coger ritmo no ha dado demasiados frutos. Esa situación, ese dejar la escritura para más adelante, para los escasos ratos libres en los que en teoría me sienta mucho más descansada y rebosante de creatividad, no funciona. Me encanta leer, me encanta planear historias que no llegan a ver la luz, me encanta reunirme con mis amigos escritores a pasar el rato y hablar de esto y de aquello, pero esto se tiene que acabar. No puedo seguir viviendo de las rentas. Así que no me queda más remedio. Tengo que sentarme a escribir.

Para ello voy a hacer dos cosas este año. Una es este blog, que hoy se inaugura.

Segundo intento

Segundo intento

La segunda es ésta: por segundo año consecutivo participo en el Nanowrimo (Nacional Novel Writing Month) que, oh casualidades de la vida, también empieza hoy (¡ya voy tarde!). Así que es muy posible que, de vez en cuando, se me escape por aquí algún comentario sobre lo agobiada que estoy y lo mucho que se me acumula el trabajo y lo tremendamente imposible que es que llegue a completar el objetivo de 50.000 palabras en un mes (no son tantas: mi primera novela, que escribí en cuatro meses, llegaba a las 150.000). Así que entre uno y otro aliciente espero, hacia finales de enero, tener en mis manos un primer borrador de esa segunda novela de las muchas que están por venir.

¿Qué voy a hacer con A tres tintas? ¿Cuál es mi proyecto de novela, que escribiré en estos tres meses y de la que os iré contando el proceso de creación, que seguro será muy accidentado, a un ritmo más o menos semanal? Os hablaré largo y tendido sobre ella más adelante. De momento, me temo que tendréis que conformaros con saber que se titula, de forma provisional (aunque me gusta, así que es posible que el nombre se quede) Boatswain. Que es una novela adulta, bastante alejada de las historias de corte más o menos fantástico que habitualmente me gusta escribir. Que lleva más de un año rondándome en la cabeza y necesito que salga. Que, probablemente, sea fruto de muchas experiencias personales y que gran parte de los pasos que he dado en mi vida me han llevado hasta ella. Y que tiene que ver con una de las criaturas más bellas, nobles, divertidas, endiabladas, caóticas, tiernas y honestas que existen en el mundo: un perro.

Gracias por leerme,

-Ana.

@ana_de_haro

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