El niño que vivió, otra vez #2. Releyendo Harry Potter y la Cámara Secreta.

Nivel de spoilers: Alto, altísimo. Pero, ¿sigue habiendo alguien ahí fuera que no ha leído Harry Potter?

En todas las listas y clasificaciones que hay ahí fuera, y hay muchas, Harry Potter y la Cámara Secreta suele considerarse el libro más flojo de la saga. Sucede lo mismo con su adaptación cinematográfica, que es la más larga y lenta de las ocho películas basadas en los libros de J. K. Rowling. Es cierto que la película tiene algunos problemas: el mayor de todos, seguramente, la dirección de Chris Columbus, al que los temas algo más oscuros de esta entrega parece que le vienen grandes, y que alarga innecesariamente algunos pasajes poco interesantes. Eso sí, el magnífico casting compensa lo demás: Kenneth Brannagh como Gilderoy Lockhart, Chris Coulson como Tom Marvolo Riddle y, sobre todo, Jason Isaacs como Lucius Malfoy, están estupendos.

Camara secreta¿Es realmente La cámara secreta el más flojo de los libros? En realidad, no. Hay quien dice que es El príncipe mestizo (uno de mis favoritos, con los fascinantes flashbacks sobre el pasado de Voldemort), o El cáliz de fuego (con esa trama que parece ajena a todo lo demás en la saga, el Torneo de los Tres Magos, hasta que de repente y de un plumazo deja de serlo). A mí personalmente el que más me cuesta es La Orden del Fénix. El único problema real de La cámara secreta como libro es que es el segundo de una saga, y que tiene, por tanto, la difícil tarea de avanzar en la trama principal (no en esa trama secundaria y episódica que puebla cada libro, como el enfrentamiento contra Umbridge en La Orden del Fénix, o el propio torneo en El cáliz de fuego), y al mismo tiempo dejarnos con ganas de más, sin que se note demasiado.

Como en todos los demás libros, en la novela hay un misterio, una Gran Pregunta: ¿Quién es el heredero de Slytherin, responsable de abrir la legendaria Cámara de los Secretos, en la que habita un monstruo destinado a acabar con los estudiantes que no son de sangre limpia? Es el libro en el que Rowling plantea uno de los asuntos más importantes de la saga, uno de esos temas adultos que la vertebran y la convierten en algo mucho más importante que “esos libros infantiles del mago de las gafas”: el racismo de los magos “de sangre limpia” hacia los nacidos de muggles, gente no mágica. Es uno de los conflictos que mueven al propio Lord Voldemort y sus mortífagos, la creencia de que la población de sangre mestiza es menos válida, inferior, de segunda clase.

Ahí es nada para una saga de libros infantiles.

Es en este volumen donde ese conflicto se plantea de forma evidente por primera vez, y donde empezamos a intuir esos sutiles y no tan sutiles parentescos entre el mundo mágico descrito por Rowling y el nuestro. Más adelante sabremos que Voldemort, como Darth Vader, como Sauron, no es en realidad el primer Señor Oscuro. Nunca lo son, siempre son herederos de otro, anterior y más perverso, en este caso Gellert Grindelwald, derrotado por Dumbledore allá por los años treinta y muchos, defensor de la sangre limpia…. Un líder de sangre mestiza que defiende la supremacía de los de sangre limpia. ¿A alguien le suena?

En cuanto a la peripecia principal (quién es el heredero de Slytherin, quién ha abierto la cámara de los secretos, quién lo hizo anteriormente, ¿podría haber sido el propio Harry en esta ocasión?…), es interesante, enigmática y está bien construida, al estilo de las de J. K. Rowling. Un estilo que me gusta llamar “in your face”. Todas las piezas del puzzle, absolutamente todas, están ahí, en tu cara, desde el principio. Por ejemplo, Myrtle la Llorona, ese personaje que parece gratuito e insustancial hasta que resulta tener la clave de uno de los misterios del libro…

También es el libro en el que comienza a notarse una curiosa tendencia de los estudiantes de Hogwarts que siempre me ha molestado: la de putear a Harry. Que, sí, lo sé, es un personaje bastante insoportable. Pero, en serio. A partir de este volumen la maldición se repite todos los años. Los estudiantes putean a Harry porque podría ser el heredero de Slytherin. Los estudiantes putean a Harry porque su nombre ha aparecido en el cáliz de fuego. Los estudiantes putean a Harry porque el Ministerio de Magia lo tacha de loco y mentiroso… Es uno de los problemas de Rowling, la tendencia a las estructuras repetitivas.

El otro problema del libro está que en él aparece por primera vez un personaje que, inicialmente, me irritaba bastante (y me atrevo a decir que no soy la única): Dobby, el elfo doméstico. Dobby, con tendencia a autocastigarse por desobedecer a sus amos, con rocambolescas y peligrosas ideas para proteger a Harry Potter. Con una vocecilla aguda e irritante. Dobby, un punto débil de la saga, pensaba yo… de nuevo, hasta que dejé de pensarlo. Dobby, a Free Elf. Si la primera vez que leí La cámara secreta me hubieran dicho que, años después, allá por el séptimo y último volumen, lloraría por Dobby, le hubiera arrojado el libro a la cabeza a alguien.

Dobby a free elf

Acabo con un punto fuerte: la resolución del misterio, que se adentra en la historia de Hogwarts y sus fundadores (más, J. K. Rowling; queremos más) y concluye de forma muy satisfactoria. Por el camino sabemos vemos más ejemplos de la tendencia de la autora a sembrar y recoger: en el primer libro se nos dejaba caer de pasada que Hagrid fue expulsado y aquí averiguamos por qué. Aquí aparece el diario de Tom Riddle, y después sabremos lo importante que es en realidad… En mi caso, La cámara secreta marca también mi primera experiencia personal de lo que es un buen, un enorme, un gordísimo spoiler. Una amiga muy querida me reveló, a mitad del libro, y sin querer, lo sé, que en realidad Tom Marvolo Riddle era… no… ¿en serio? Fue devastador…

A pesar de todo, La cámara secreta supera La Maldición del Segundo Libro con creces. Es más divertido e interesante que el primero, y ni de lejos tan perfecto como el tercero. Prepara el camino a lo bueno, a lo que está por llegar. A Remus Lupin, Sirius Black, Azkaban y los Merodeadores. Something wicked this way comes…