Entrevista a Christopher Moore: un bromista muy serio.

Uno de los grandes placeres de participar durante algunos meses en la revista digital Giant Magazine fue entrevistar al que, sin duda, es el autor cómico vivo más relevante de la actualidad, y uno de mis escritores favoritos: Christopher Moore, autor de novelas tan divertidas como Un trabajo sucio, tan sorprendentes como Cordero, y tan hilarantes como El ángel más tonto del mundo.

Esta entrevista se publicó inicialmente en el número 15 de la revista digital Giant Magazine, en enero de 2012. Aquí os dejo el texto original.

 

CHRISTOPHER MOORE: Un bromista muy serio.

Por Ana de Haro.

 

Sucede cada vez que se publica uno de sus libros en España, lo que suele ocurrir aproximadamente una vez al año, cuando se acerca la época navideña: se alza de la nada la voz de algún crítico avispado que, asombrado por su descubrimiento, lo describe rápidamente como “el nuevo Mark Haddon”, “el nuevo Kurt Vonnegut” o “el nuevo Terry Pratchett”. Sin embargo, por honrosas que puedan resultar tales comparaciones, con una docena de aclamadas novelas en su haber, todas ellas número uno en ventas en Estados Unidos y grandes éxitos de crítica, Christopher Moore es cualquier cosa menos nuevo.

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Sus obras destacan poderosamente en cualquier escaparate español y la más reciente, ¡Muérdeme!, publicada como casi todas sus novelas en España por la colorista editorial La factoría de ideas, no es ninguna excepción. La portada, de un intenso color morado y adornada por una ilustración de trazo grueso y un título más o menos acertado que, por obra de la traducción, a veces no consigue reproducir los juegos de palabras que encierran los originales, atrae inmediatamente todas las miradas, junto con las leyendas “nº 1 en ventas en Estados Unidos” y “el mejor autor satírico vivo de la actualidad”. Es la carta de presentación en España de Christopher Moore, un autor que, a pesar de su envoltura desenfadada y abiertamente cómica, es consciente de que el humor es, en realidad, un asunto muy serio y complejo. Con ocasión de la llegada al mercado español de su nueva novela, ha accedido a conceder una entrevista a Giant Magazine, en la que nos ha desvelado su propia filosofía del humor, sus métodos de escritura, y qué se esconde detrás de una mente capaz de transformar las fiestas navideñas en un Apocalipsis zombie, y eso es sólo un ejemplo de hasta dónde puede llegar. El lector puede encontrar esa peripecia en la aclamada El ángel más tonto del mundo, una fabula navideña en la que un ángel enviado a la tierra para hacer feliz a un niño acaba por desatar una debacle de sangre y vísceras cuando aquel a quien escoge le pide un inusual deseo: que resucite a Papá Noel, cuyo asesinato acaba de presenciar.

Este y otros argumentos igualmente irreverentes evidencian el motivo por el que se le conoce, fundamentalmente, como un escritor de género, un autor satírico. “Me siento cómodo con ese título”, confirma Moore. “Me veo a mí mismo como un novelista antes que nada, pero ya que todo mi trabajo es cómico supongo que es un término acertado”. Sin embargo, ni la simplicidad del envoltorio ni la aparente ligereza del contenido debe llevarnos a error. En sus obras hay mucho más que humor. Éste constituye el tono fundamental y la base sobre la que se sustentan las historias, pero éstas nunca están vacías de contenido. Estamos, sobre todo, ante novelas que combinan ese extraordinario sentido del humor con un argumento cuidadosamente construido. En ellas podemos encontrar pasajes hilarantes, pero también secuencias de acción, momentos de ternura y, en ocasiones, una considerable carga de erotismo. Pero, se preguntarán algunos, ¿de dónde ha salido este autor? ¿De dónde surge esa original mirada sobre la vida, capaz de resaltar los aspecto más absurdos de la existencia? La respuesta rápida sería “de Toledo, Ohio”, lugar de nacimiento del autor, y de una figura esencial en su desarrollo como escritor: su padre. “Mi padre era agente de policía. Patrullaba las calles. Ese trabajo implica lidiar con un montón de emergencias y tragedias, así que él desarrolló un cierto sentido del humor más bien negro como estrategia de defensa. Supongo que se me debió pegar de él”.

Mooretrabajo habla de la literatura, su profesión, con el mismo tono ligero y desenfadado con el que aborda todo lo demás. Y es que, antes de aterrizar en la escritura, desempeñó las más variopintas ocupaciones. Fue reparador de tejados, camarero, fotógrafo, DJ de rock and roll… Trabajó también en compañías de seguros y en hoteles hasta que, finalmente, bien entrado ya en la edad adulta, decidió centrarse en su vocación: “Comencé a escribir historias siendo apenas un niño de 12 años, pero nunca pensé que conseguiría vivir de ello. Cuando cumplí los treinta decidí que jamás lo sabría si no acababa al menos un libro, así que comencé a reorganizar todos los aspectos de mi vida de manera que mi prioridad fuera acabar una novela. Continué trabajando en otras cosas mientras lo hacía, pero la escritura se convirtió en mi prioridad”. De ahí surgió su primera novela publicada, Practical demonkeeping, (en español La comedia del diablo), que llegó a las estanterías en 1992, y en la que ya se apreciaban claramente sus señas de identidad: el ritmo frenético, la comicidad de los personajes y las situaciones y, sobre todo, la constante presencia de elementos sobrenaturales.

El humor y el horror.

¡Muérdeme! es una novela de vampiros, pero no tiene nada que ver con las tendencias actuales del género. En ella no encontraremos pálidos espectros que relucen como la purpurina, y aunque hay romance, nada resulta cursi ni preadolescente. Se trata de la tercera entrega de la serie que en Estados Unidos recibe el nombre de su primera entrega, Bloodsucking fiends, (La sanguijuela de mi niña), y que ha tardado cerca de una década en completarse, fundamentalmente gracias a la insistencia de los fans, que no dejaban de pedir más y más. Con ¡Chúpate esa! y con ¡Muérdeme! se cierra por fin la historia de Jody Strout, la muchacha de origen irlandés y residente en San Francisco que, de buenas a primeras y sin dar su consentimiento en absoluto, es transformada en vampiro por un anciano nosferatu muy aburrido; y de su esbirro, primero, y amante, después, Tommy Flood, un aspirante a escritor de la América profunda que llega a la ciudad para vivir emociones fuertes y acaba, efectivamente, convertido en otro inexperto vampiro.

Siendo historias de chupasangres, la casquería y las vísceras constituyen una parte esencial de desarrollo novelesco. De hecho, aunque suele caracterizarse a Moore como un escritor humorístico, la presencia de los elementos sobrenaturales es muy acusada en todas sus novelas. Por ejemplo, más allá de su trilogía vampírica, tenemos el Apocalipsis zombie de El ángel más tonto del mundo . Y en Un trabajo sucio, el inocente vendedor de antigüedades Charlie Asher pierde a su mujer y recibe el encargo de convertirse en la Muerte, todo ello en el mismísimo capítulo uno. Incluso en ¡Muérdeme!, con su absurdo argumento que incluye un ninja nipón octogenario y múltiples ataques de gatos vampiro, resulta sorprendente la abundancia de escenas absolutamente terroríficas, como, por ejemplo, el despertar vampírico de Tommy Flood, secuencia digna de cualquier película de terror que se precie. Hay, pues, una constante tendencia a asociar el horror con el humor, que el autor asume de forma consciente. “Es un rasgo que desarrollé en mi infancia y adolescencia, cuando leí todas las novelas clásicas de terror y vi todas las películas. Al principio creí que sería un escritor de novelas de terror, pero cuando leía mis historias en talleres y demás la gente se reía de los giros de mis frases, así que pensé: “Bueno, supongo que soy un escritor de comedia”. Así que, para mantener la tensión narrativa, sigo tendiendo a introducir el imaginario del horror en mi trabajo”. Esto se compagina con un constante e intenso uso del cliffhanger, que siempre deja al lector, casi literalmente, colgando y temiendo por sus personajes.

lambSin embargo, su humor, aunque negro y crítico con algunos segmentos de la sociedad, nunca es hiriente ni sórdido. “Siempre he intentado marcar unos límites y no ser malintencionado. No me preocupa especialmente que la gente se pueda ofender por un lenguaje picante o por situaciones sexuales o eróticas, pero no me gusta ser malicioso por la sencilla razón de resultar ingenioso o parecer listo. Creo que aprendí eso del trabajo de John Steinbeck. Él escribía con una gran pasión sobre asuntos que le preocupaban realmente y por los que se sentía atraído, pero también con un gran sentido de la misericordia hacia sus personajes por todas sus debilidades humanas. Intento aplicar ese modelo a mi escritura humorística”. Esta visión compasiva de la sátira es la causa, tal vez, por la que ni siquiera sus obras más extremas son mal recibidas. Es el caso, por ejemplo, de Cordero, que repasa los acontecimientos de los evangelios desde el punto de vista del mejor amigo de Jesús, Biff; un tema capaz de levantar ampollas en el ámbito anglosajón y que, sin embargo, sólo provocó carcajadas. Y es que la compasión hacia el monstruo es uno de los rasgos que hacen más atractiva la obra de Moore: hasta los personajes más absurdos tienen cierta profundidad e, incluso, un fondo trágico, como la terrible prostituta pintada de azul, Blue, o el líder de los Animales, los reponedores nocturnos del supermercado, enfermo de sida.

Los universos del autor.

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Joshua Norton, el Emperador de Estados Unidos

Y es que, a pesar de su envoltorio esotérico, Moore mira constantemente a su alrededor y, a través de su particular mirada, retrata la realidad que le rodea y que, la mayor parte del tiempo, tiene un nombre propio: San Francisco. Junto con el ficticio pueblo de Pine Cove, la ciudad de los puentes es el escenario por el que deambulan la mayor parte de sus criaturas. La retrata con tanto detalle y tanto mimo, sin hacer ascos a ningún detalle más o menos sórdido, que con el tiempo la ciudad ha acabado por convertirse en uno de sus personajes principales: “Eso creo. Me encanta escribir sobre San Francisco y ahí es donde vivo ahora. Es una ciudad muy compleja y compacta, así que se puede escribir sobre ella desde el punto de vista de un personaje de la calle, o en la calle. Definitivamente, se trata de una ciudad con personalidad”. La mirada a la que Moore se refiere es la de uno de sus personajes más queridos, el Emperador de San Francisco, que aparece en casi todas sus novelas. Basado en la figura real de Joshua Abraham Norton, (oriundo de la ciudad, que en 1859 se autoproclamó “emperador de Estados Unidos” y desde entonces se dedicó a patrullar las calles acompañado de sus dos perros; llegó a ser muy popular entre los habitantes de San Francisco, que le dispensaron siempre un trato respetuoso), el Emperador de San Francisco, al igual que su predecesor histórico, es un sin techo que, convencido de su labor como vigilante, deambula por las calles acompañado de sus fieles soldados caninos, el labrador Lazarus y el Boston terrier Holgazán. A pesar de su locura, su lucidez es superior a la de los personajes cuerdos que le rodean y, con el tiempo, ha llegado a convertirse en su creación más célebre. Y es que una de las mayores virtudes de Moore como autor es su capacidad para crear voces narrativas extraordinariamente fuertes, con una personalidad arrolladora. “Eso es algo que he desarrollado a lo largo de los años, y de nuevo lo he aprendido de leer a Steinbeck y a otros escritores con voces narrativas muy fuertes. Para mis libros escritos en primera persona, Mark Twain ha sido probablemente una importante influencia y, por supuesto, también Shakespeare”. Para Moore, los personajes son el elemento fundamental que sostiene cada una de sus novelas, y por ello todos ellos, desde Charlie Asher hasta Tommy Flood, pasando por la adolescente gótica Abby Normal o los policías Alphonse Rivera y Nick Cavuto, habituales suyos, se marcan a fuego en la mente del lector. “Los creo en función de lo que necesito que hagan en la historia. Por supuesto que se desarrollan a medida que escribo el libro, y generalmente comienzo a trabajar con un tipo que creo que será el más interesante cuando se enfrenten al conflicto de la historia. Por ejemplo, en mi libro Un trabajo sucio, el personaje principal se convierte en la Muerte, pero todo resulta más interesante y divertido porque es algo hipocondríaco”. Los argumentos, en ese sentido, dependen enteramente de lo que marquen los personajes. “Generalmente se desarrollan y surgen en la propia página, a medida que escribo, y se alzan de personajes fuertes. Habitualmente sólo tengo que dejar hablar a los personajes y ellos mismos se encargarán de mostrar sus puntos de vista”.

Así pues, personajes fuertes y argumentos bien construidos son la base, pero también resulta fundamental la voz narrativa, la del propio Moore, que impregna todos y cada uno de sus libros con su particular sentido del humor. “En última instancia, la voz procede de mi punto de vista, pero tiene que surgir de la confianza de que el lector querrá seguirte durante toda la historia, y no le importará que estés allí presente, como un narrador evidente”. En este sentido, para Moore es muy importante la actitud del lector, a quien tiene en mente cuando prepara sus obras: “Intento escribir para alguien que es tan listo como yo, igual de ingenioso, y que disfruta leyendo. Alguien a quien le gusta la diversión, que disfruta siendo sorprendido por algo un poco tonto de vez en cuando. No me planteo demasiado temas como la edad o el género. Sólo pienso en alguien inteligente y con sentido del humor”.

Así pues, la literatura cómica es algo muy serio, en cuanto a escritura se refiere. De vez en cuando, requiere de muchísima planificación: “Depende del libro. Con novelas como El bufón, en el que hay mucho material de partida (se trata de una obra basada en El rey Lear, de Shakespeare, contada desde el punto de vista del bufón, Pocket), hay bastante planificación y esquemas de partida. También sucede con novelas históricas como Sacre Bleu o Cordero. Hay hechos reales que debo incorporar a la trama, así que estoy sujeto a una línea de tiempo concreta, a una cronología. Con otros libros, como los de los vampiros, puedo permitirme algo más de libertad y dejar a la historia que vaya por donde ella quiera”.

Nuevos proyectos y nuevas tecnologías.

Más allá de la llegada a las tiendas de ¡Muérdeme!, que ya de por sí constituye una novedadmuerdeme (“Creo que el enorme gato vampiro afeitado es algo único en los libros de vampiros. Al menos lo era cuando lo escribí”), Christopher Moore está embarcado en nuevos proyectos, entre ellos una novela que llegará al público estadounidense en abril de 2012. Se trata de Sacre Bleu, de la que Moore nos ha adelantado algunas claves: “Trata sobre el mundo del arte en París en la década de1890, y cubre la mayor parte de los últimos cuarenta años del siglo XIX en cuanto a arte, incluyendo a los impresionistas franceses. Hay un montón de historia del arte, pero también mucho humor, y creo que algunos elementos sobrenaturales muy divertidos. Toulouse-Lautrec es uno de los personajes principales. Me intriga qué pensará el público europeo del libro”. Precisamente, el mercado español es uno de los que le ha proporcionado algunas de las mejores reacciones ante sus obras. En él percibe una “cierta perspectiva romántica”: “He tenido algunas reacciones estupendas de lectores españoles hasta la fecha. No en vano, España es el lugar de nacimiento de la novela cómica con Don Quijote, así que en mi opinión forma parte de la cultura del género. De hecho, me encantaría hacer una gira de presentación en España, aunque no hablo el idioma, así que podría resultar algo complicado”.

Además de su última novela, Moore se ha embarcado recientemente en una nueva aventura: su primera incursión en el cómic como guionista, con The Griff, coescrita con Ian Corson e ilustrada por Jennyson Rosero. Sin fecha de publicación en España, Moore no ha quedado demasiado contento: “Mi experiencia con el mundo del cómic no ha sido muy satisfactoria ni efectiva. Algunas de las personas con las que colaboré no hicieron un gran trabajo y yo era inexperto, así que el resultado final acabó siendo algo incoherente en algunos aspectos. Espero poder arreglarlo en caso de que se publique en Europa. En los Estados Unidos simplemente nos quedamos sin tiempo y no pude repasar el proyecto una vez que la parte gráfica estuvo terminada”.

Y es que para Christopher Moore la interacción con sus lectores es muy importante, aunque también puede resultar excesivamente absorbente, hasta el punto de distraerle de su trabajo. Especialmente en los últimos tiempos, en los que un autor no debe sencillamente limitarse a escribir, sino que además tiene que atender sus cuentas de twitter y facebook y responder a sus correos electrónicos. “Todo eso me distrae mucho. Disfruto relacionándome con mis lectores, y creo que en parte las nuevas tecnologías son positivas, pero si, por ejemplo, te detienes a producir material cómico para twitter, como intento hacer yo, algo en mi cabeza me dice que, una vez hecho eso, ya he cumplido con mi trabajo para ese día cuando, de hecho, no ha sido así en absoluto. No soy la clase de persona que se limita a decir lo que ha desayunado o con quién ha comido, así que acabo elaborando algo creativo y eso me aparta de la escritura”. Algo similar sucede con el marketing, que no sólo está presente en el cine o las series de televisión, sino que ha alcanzado el terreno de la literatura. En el caso de Moore podemos encontrar tazas, calcetines, o camisetas con algunas de las sentencias más celebradas de sus personajes (como, por ejemplo, “soy pobre y mi gato es enorme”, que uno de los vagabundos de San Francisco utiliza para sobrevivir). “En cuanto a la venta de merchandising, yo no quería hacerlo, pero me convencieron mis lectores, que me pidieron que me inventara camisetas y otras cosas. Decidí dejar que algunos vendedores que contactaron conmigo lo hicieran, y dejar a los lectores decidir qué aparecería en el merchandising. Cada céntimo que recibo de ello es donado a la beneficencia, así que no obtengo beneficio alguno. No tengo intención formar parte del negocio de las camisetas pero no quiero decepcionar a mis lectores.”. Algo parecido sucede con el tema del cine. Mucho se ha hablado de las posibles adaptaciones de sus obras a la gran pantalla, y, de hecho, gran parte de los derechos para ello están vendidos, pero, al igual que sucede con las novelas del británico Terry Pratchett, con quien constantemente se le compara, no hay proyectos sólidos a la vista, algo que a Moore le tranquiliza: “Tengo sentimientos encontrados al respecto. Me gustaría ver mis libros convertidos en buenas películas, pero tras hablar con algunos productores implicados en el asunto, y tras escuchar algunas de sus ideas, a veces me siento agradecido de que no se hayan hecho aún. Podrían ser películas estupendas, pero también podrían resultar horribles, y en ese caso la experiencia de leer el libro quedaría marcada negativamente”.

En cualquier caso, más allá de las redes sociales y el merchandising, son las novelas de Moore, que siguen creciendo sin descanso, las que le han convertido en el escritor satírico vivo más aclamado de la actualidad. En España tendremos que esperar aproximadamente un año hasta poder leer Sacre Bleu, y mientras tanto siempre podremos sumergirnos en sus obras anteriores, que se van reeditando poco a poco. En ese sentido, nuestra última pregunta dirigida a Moore procede de un clamor popular semejante al que transformó La sanguijuela de mi niña, en principio una novela completa por si sola, en una trilogía: ¿para cuándo la prometida y varias veces anunciada segunda parte de Un trabajo sucio, la novela que le situó definitivamente en el mercado español y que, para muchos, sigue siendo uno de sus mayores triunfos?: “Espero empezar ese libro cuando acabe la historia en la que estoy trabajando ahora, que tiene que ver con Shakespeare. Supongo que, siendo realistas, estará en unos tres años”. Contando con la traducción, eso hacen cuatro años para los lectores españoles, que esperan con avidez cada una de sus nuevas obras. Un tiempo, sin duda, que valdrá la pena esperar.

EL LIBRO RECOMENDADO POR CHRISTOPHER MOORE:

Cuando se le consulta sobre aquellos autores que más han influido en su escritura, su respuesta es inmediata: “Steinbeck, Shakespeare y Kurt Vonnegut”. Una selección que pudiera resultar sorprendente para quien no conociera los serios fundamentos de su escritura. Por eso, entre sus recomendaciones se encuentran dos de las obras menos conocidas de John Steinbeck: “Creo que la gente debería leer Cannery Row y Dulce jueves, de Steinbeck, si no lo han hecho ya. Son novelas estupendas, dulces y divertidas, y muestran un lado del autor que no creo que la gente que ha leído sus novelas icónicas (como Las uvas de la ira, o El este del edén) fuera capaz de entender”. Ambas novelas, publicadas en la colección Reencuentros de Navona, se centran en las aventuras y desventuras de los habitantes de la ficticia calle Cannery Row, en Monterrey. En torno a ella se articulan las vidas de mercaderes, prostitutas e individuos sin profesión conocida que, durante la Gran Depresión americana, aúnan sus esfuerzos para preparar una fiesta para uno de ellos, con consecuencias insospechadas. En la línea de las pequeñas grandes historias de Steinbeck, tanto Cannery Row como su secuela Dulce jueves, escrita nueve años después, constituyen los mejores ejemplos de su casi desconocido trabajo cómico.

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